La elección presidencial de Honduras ingresó en un punto crítico luego de que el recuento oficial quedara detenido durante más de 24 horas, abriendo un escenario de incertidumbre institucional que escaló hasta la Casa Blanca. El presidente estadounidense, Donald Trump, lanzó una advertencia pública a la Junta Electoral hondureña y pidió que se reanuden los cómputos para proclamar al vencedor sin demoras.
El mensaje fue contundente: para Washington, el candidato que debe ser declarado ganador es Nasry “Tito” Asfura, quien lideraba el recuento por un estrecho margen cuando el proceso se frenó de manera abrupta.
Un escrutinio trabado por la disputa entre los partidos
El sistema electoral hondureño quedó en el centro de la polémica. A diferencia de otros países, la Comisión Nacional Electoral (CNE) está integrada por representantes de las fuerzas políticas y las actas solo son válidas si llevan la firma de todos los miembros.
Con el 47% de las actas procesadas, Asfura mantenía una ventaja de dos puntos sobre Salvador Nasralla. Pero la representante de este último exigió la apertura de urnas, argumentando la necesidad de contrastar los votos físicos con las actas oficiales. La apoderada de Asfura rechazó ese pedido, al no existir denuncias formales de irregularidades.
La falta de acuerdo paralizó la firma de actas y, con ello, todo el recuento. Desde entonces, Honduras permanece sin resultados oficiales y sin un presidente electo, pese a que quedó claro que Xiomara Castro no continuará en el poder y que el país se encamina hacia un giro político.
La reacción de Trump y la presión de Estados Unidos
Al reportarse la parálisis del escrutinio, Trump acusó públicamente una posible maniobra para cambiar el resultado electoral. Su mensaje fue interpretado como un ultimátum:
“Si alteran los resultados, habrá un escándalo”, advirtió.
La Casa Blanca tomó inusualmente intervención directa. Trump mantuvo comunicaciones con altos funcionarios hondureños, incluidos referentes de las Fuerzas Armadas, para exigir que se respete la voluntad popular. El mensaje estadounidense apuntó especialmente al general Roosevelt Hernández, quien había insinuado la posibilidad de asumir el control institucional del proceso si persistía el bloqueo.
La presión diplomática también alcanzó a miembros del propio CNE. Entre ellos, Marlon Ochoa, representante del oficialismo, quien en diferentes momentos se negó a validar actas y cuyo rol fue cuestionado por los otros partidos.
Una elección dividida y un Congreso que ya tiene dueño
Mientras el país espera el resultado presidencial, una certeza emerge desde los primeros datos: el Partido Nacional —el espacio de Asfura— alcanzaría una posición dominante en el Congreso. Para analistas locales, este detalle alimenta sospechas sobre la interrupción del escrutinio, ya que sería inusual que una elección genere una hegemonía legislativa tan marcada si el resultado presidencial no acompañara esa tendencia.
La diferencia actual entre Asfura y Nasralla es mínima: apenas 500 votos, con más de la mitad del padrón aún sin contabilizar. La demora es considerada inaceptable tanto para la ciudadanía como para los observadores extranjeros.
Un país en vilo a la espera del desenlace
Honduras enfrenta una de las mayores tensiones electorales de los últimos años. La falta de resolución, la intervención internacional y el bloqueo político dentro del propio organismo electoral dejaron al país en una encrucijada.
Con la presión de Estados Unidos en aumento y con un clima interno cada vez más tenso, la CNE deberá encontrar una salida consensuada para completar el recuento y proclamar al próximo presidente. La duda persiste, pero el mensaje externo fue claro: la votación del 30 de noviembre debe ser respetada sin alteraciones.
