Los restos humanos encontrados en la casa del barrio porteño de Coghlan donde vivió Gustavo Cerati fueron identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). Se trata de Diego, un adolescente de 16 años que había desaparecido el 26 de julio de 1984 y cuya historia permanecía en el misterio desde hace más de 40 años.
El joven había salido de su casa tras almorzar con su madre, con la excusa de visitar a un amigo. Fue visto por última vez en Naón y Monroe, en Belgrano. Vestía su uniforme de la ENET Nº36 y llevaba un reloj Casio con calculadora, un corbatín escolar azul, una suela de zapato número 41, un llavero naranja y una moneda japonesa de 5 yenes, objetos que fueron hallados junto a los restos y resultaron clave para su identificación.
La denuncia de su desaparición fue desestimada en la comisaría 39 bajo el argumento de que se había ido “con una mina”. A pesar de la falta de acción policial, su familia nunca dejó de buscarlo. Fue recién en 1986 que lograron una nota en la revista ¡Esto!, donde su padre denunció la desidia estatal y exigió justicia.
El macabro hallazgo se produjo el 20 de mayo pasado durante una obra en el terreno de Congreso 3748. Al desmoronarse una medianera, obreros encontraron 150 fragmentos óseos enterrados apenas a 60 cm de profundidad en la casa lindera, situada en Congreso 3742. Allí, Cerati alquiló durante los años 2001 a 2003, aunque los investigadores apuntan a quienes vivían allí en 1984: una mujer y sus dos hijos de apellido Graf.
Los estudios forenses revelaron que Diego fue asesinado con una puñalada en la cuarta costilla derecha y su cuerpo presentaba señales de un intento de descuartizamiento con un serrucho. La rapidez y superficialidad de la fosa alimentan la hipótesis de un entierro hecho con apuro.
El fiscal Martín López Perrando continuará con la investigación a pesar de que el delito prescribió, y prevé citar a declarar a los miembros de la familia que habitaba el lugar en aquella época.
El caso de Diego, invisibilizado por décadas, pone en evidencia las deudas históricas del Estado en la búsqueda de personas desaparecidas y el abandono a muchas familias. Hoy, al menos, su identidad fue recuperada.
