En la Casa Rosada se viven días de alto voltaje político y económico. El Gobierno celebra la alianza sellada con el PRO, la relativa estabilidad del dólar y los primeros indicios de inflación acotada para agosto. Sin embargo, persisten las presiones para aumentar el gasto público y la preocupación por el resultado electoral en la provincia de Buenos Aires.
Dentro del oficialismo destacan que las tensiones internas entre Karina Milei, “Lule” y Martín Menem con Santiago Caputo parecen haberse disipado, con un nuevo protagonismo de la hermana del Presidente y la incorporación de Guillermo Francos como jefe de Gabinete. Pero el frente de batalla sigue en el Congreso, donde el Ejecutivo responsabiliza a la oposición por aprobar proyectos que, según Javier Milei, ponen en riesgo el equilibrio fiscal.
Estabilidad cambiaria y control de precios
Tras la devaluación de julio, el tipo de cambio se estabilizó en torno a $1.330, con un aumento del 25% respecto al real brasileño y del 17% frente al dólar estadounidense. El equipo económico busca sostener esta calma cambiaria hasta las elecciones de octubre, apoyado en reservas de libre disponibilidad cercanas a USD 20.000 millones.
En cuanto a la inflación, los primeros datos privados indican un limitado traslado a precios del salto cambiario. Las estimaciones para agosto se ubican entre 2% y 2,5%, favorecidas por la estabilidad del dólar, la política monetaria restrictiva, la apertura comercial y la debilidad de los ingresos.
Escenario electoral en Buenos Aires
Las encuestas muestran un panorama abierto en el principal distrito electoral del país. El frente La Libertad Avanza–PRO podría imponerse por un margen estrecho en algunas secciones, mientras que el peronismo mantendría ventaja en otras. La definición podría depender del ausentismo, el aparato territorial y el peso de la campaña nacional.
Riesgo político y economía real
En el sector empresario persiste la cautela ante la posibilidad de un cambio de rumbo político. La falta de certezas desalienta inversiones de largo plazo, especialmente en infraestructura y concesiones. En paralelo, la industria enfrenta un “costo argentino” que mantiene la producción local 25% más cara que el promedio internacional, con especial impacto en las pymes, que reportan caída o estancamiento de la producción y pérdida de participación frente a importaciones.
