La demanda de dólares volvió a dispararse en julio y alcanzó niveles históricos. Según datos del Banco Central (BCRA), los argentinos compraron en el mercado oficial u$s3.041 millones netos para atesoramiento, el segundo monto más alto en al menos 18 años, solo detrás del récord de octubre de 2019.
El informe oficial detalla que 1,3 millones de personas adquirieron divisas por un total de u$s3.408 millones, mientras que 576.000 las vendieron, por u$s367 millones. El fenómeno estuvo impulsado por el efecto de las vacaciones de invierno, la percepción de atraso cambiario y la volatilidad financiera tras el desarme de las LEFIs, que liberó un gran caudal de pesos al mercado.
Pese a que el tipo de cambio oficial se corrigió un 6,6% en el mes, todavía se mantiene 31% por debajo del pico alcanzado en enero 2024 y apenas un 4% por encima del promedio de 2017, otro año marcado por la apreciación del peso. La situación alimentó la dolarización de carteras en un contexto de incertidumbre.
El director de la consultora C-P, Pablo Moldovan, explicó a Ámbito que “con este precio del dólar y sin acceso al financiamiento, la apertura de la FAE hace muy difícil darle sostenibilidad al tipo de cambio. El nivel de tasas y las intervenciones en el dólar futuro muestran síntomas claros de insostenibilidad”.
Formación de Activos Externos y fuga de divisas
La Formación de Activos Externos (FAE), usualmente asociada a la “fuga de capitales”, registró un saldo negativo de u$s5.807 millones, considerando no solo la compra de billetes sino también transferencias al exterior. Casi la mitad de ese monto correspondió al ítem “otras inversiones”, es decir, depósitos o transferencias a cuentas fuera del país.
En paralelo, se detectó que importadores cancelaron deudas comerciales a través del contado con liquidación (CCL) por unos u$s1.400 millones, lo que evidencia filtraciones en el cepo corporativo y complejiza la gestión cambiaria.
Deuda, turismo y bienes
Los pagos de deuda pública representaron otro drenaje fuerte: u$s3.200 millones, principalmente por vencimientos de Bonares y Globales, lo que generó una caída de reservas de u$s1.107 millones.
El turismo también aportó presión, con un déficit de u$s963 millones en la cuenta de servicios, impulsado por los consumos con tarjeta en el exterior durante el receso invernal.
En contraposición, la balanza de bienes arrojó un superávit de u$s3.887 millones, el más alto de la era Milei, gracias al agro que aportó u$s5.619 millones. La industria, en cambio, mostró un déficit de u$s1.756 millones.
De esta forma, julio se convirtió en uno de los meses más críticos en términos de salida de divisas, con un mercado cambiario cada vez más tensionado entre la necesidad de dólares para ahorro, deuda y turismo, y un superávit comercial que depende casi exclusivamente del sector agroexportador.
