Nuevas fotografías de la isla privada de Jeffrey Epstein volvieron a colocar en el centro de la escena uno de los escándalos más inquietantes de los últimos años. El material, difundido recientemente por sectores de la oposición estadounidense, muestra sectores nunca antes revelados del complejo ubicado en Little St. James, en las Islas Vírgenes, donde el financista recibía a figuras de alto perfil y donde, según múltiples investigaciones judiciales, se habrían producido abusos contra menores de edad.
Las imágenes permiten observar tanto áreas lujosas como instalaciones diseñadas para garantizar aislamiento y secreto. Entre los sectores más llamativos aparecen habitaciones con acceso por código, construcciones sin ventanas, pasadizos subterráneos y espacios equipados con sistemas de cámaras ocultas. De acuerdo con fuentes ligadas a las pesquisas, parte del material proviene de dispositivos electrónicos que no habían sido analizados en profundidad al momento de los allanamientos iniciales.
Varios registros muestran estructuras con vigilancia interna: cámaras disimuladas en rejillas de ventilación, monitores ocultos tras paneles y cableado preparado para registrar movimientos sin advertencia. Estas características alimentan la hipótesis de que Epstein habría utilizado imágenes privadas para ejercer presión sobre algunos visitantes.
Otras fotografías exhiben túneles angostos que conectan la casa principal con edificaciones más alejadas, lo que habría permitido desplazamientos sin exposición visual desde el exterior. También se identifican pequeñas construcciones rodeadas por vegetación densa, de difícil detección aérea.
Entre los espacios más mencionados destaca la estructura conocida como “templo”, una edificación circular con cúpula azul que, según las nuevas imágenes, no contenía un uso ornamental sino que funcionaba como sala cerrada, con paredes reforzadas y sin mobiliario habitual.
El contraste entre sectores de lujo —piscinas, terrazas, áreas de recreación— y zonas austeras, sin decoración y con colchones sobre el piso, refuerza la idea de que el complejo operaba bajo una doble lógica: ostentación hacia afuera y encierro hacia adentro.
Las fotografías no muestran personas identificables, pero aportan detalles arquitectónicos que sostienen las denuncias sobre la existencia de un sistema diseñado para garantizar privacidad extrema, controlar movimientos y evitar registros oficiales. Investigadores y sobrevivientes señalan que estas imágenes constituyen piezas fundamentales para reconstruir el funcionamiento interno de la isla y continúan alimentando interrogantes sobre el alcance real de la red que operó allí durante años.
A pesar del tiempo transcurrido desde la muerte de Epstein en 2019, la difusión de este nuevo material demuestra que el caso sigue generando tensiones políticas en Estados Unidos, especialmente por los vínculos que el financista mantuvo con figuras de relevancia internacional. Las revelaciones vuelven a situar al complejo de Little St. James como un punto crítico en la investigación sobre uno de los entramados de abuso y encubrimiento más resonantes de las últimas décadas.
