La escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán generó un fuerte impacto en los mercados internacionales. En la primera jornada hábil tras los ataques, el precio del petróleo se disparó hasta un 10% y llegó a registrar picos cercanos al 13%, mientras que el oro —activo de refugio— también mostró subas significativas.
El crudo Brent, referencia global, alcanzó valores cercanos a los 80 dólares por barril. Analistas advierten que podría escalar hacia los 100 dólares si el conflicto se prolonga o si se interrumpe el suministro en la región.
El factor clave: el Estrecho de Ormuz
La principal preocupación internacional se concentra en el Estrecho de Ormuz, un paso marítimo estratégico por donde circula más del 20% del petróleo mundial.
Cualquier bloqueo o limitación en esa zona —sumado a tensiones en el Mar Rojo— podría afectar de manera directa el abastecimiento global. La advertencia de Irán a buques comerciales y la suspensión preventiva de envíos de crudo y gas natural licuado por parte de empresas energéticas incrementaron la volatilidad.
Este fenómeno es conocido en los mercados como “prima de riesgo geopolítico”: el temor a que un conflicto altere la producción o el transporte de energía.
¿Puede subir la nafta en Argentina?
En la Argentina, el precio de los combustibles mantiene una relación directa con la cotización internacional del crudo, aunque también inciden factores locales como el tipo de cambio, los impuestos y la política de precios de las petroleras.
Durante los últimos años, bajo la gestión de Javier Milei, los valores en surtidor acompañaron —con rezagos y ajustes parciales— las oscilaciones internacionales.
Si el Brent consolida una suba sostenida o avanza hacia los 90 o 100 dólares por barril, es probable que se traslade presión a los precios internos de la nafta y el gasoil, impactando en la inflación y en los costos logísticos.
Por ahora, el mercado sigue minuto a minuto la evolución del conflicto en Medio Oriente. La duración y magnitud de la crisis serán determinantes para saber si se trata de un salto transitorio o del inicio de una nueva fase de encarecimiento energético a nivel global.
