Plan Trump para Venezuela: las tres etapas que propone EE.UU. para “normalizar” el país

Estados Unidos presentó formalmente una hoja de ruta en tres etapas para redefinir el futuro de Venezuela tras la salida de Nicolás Maduro. El esquema, impulsado por el presidente Donald Trump y explicado en detalle por el secretario de Estado Marco Rubio, deja en claro que el eje central del proceso será el control del petróleo y la relación comercial entre Caracas y Washington.

Lejos de un cambio inmediato hacia un sistema democrático, el llamado “plan de normalización” prioriza la estabilización económica bajo tutela estadounidense y coloca a la industria petrolera venezolana —la más grande del mundo en reservas— como el instrumento clave de la reconstrucción.


Primera etapa: estabilización y control del petróleo

El primer paso, según Rubio, apunta a evitar que Venezuela “caiga en el caos” tras la salida de Maduro. Esta fase incluye una “cuarentena petrolera”, que consiste en tomar entre 30 y 50 millones de barriles de crudo que estaban bloqueados por sanciones y venderlos en el mercado internacional a precio pleno, sin los descuentos que caracterizaron al período chavista.

Los ingresos de esas ventas serán administrados por Estados Unidos, con el argumento de que se destinen al beneficio del pueblo venezolano y no a redes de corrupción vinculadas al antiguo régimen. En los hechos, esta etapa marca el inicio del control efectivo de Washington sobre el principal recurso estratégico del país.


Segunda etapa: recuperación y reapertura controlada

La segunda fase del plan está orientada a la recuperación económica e institucional. Aquí, Estados Unidos propone reabrir el sector petrolero venezolano a empresas estadounidenses, occidentales y otros actores internacionales, pero bajo nuevas reglas de “transparencia” y supervisión directa.

El petróleo vuelve a ser el eje: la producción, exportación y comercialización quedarán bajo acuerdos con Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), aunque todas las decisiones estratégicas se tomarán en Washington. Parte de las regalías que reciba Venezuela deberán destinarse obligatoriamente a la compra de productos estadounidenses, cerrando un circuito económico completamente controlado por EE.UU.

En paralelo, Rubio mencionó un proceso de reconciliación nacional, que incluiría eventuales amnistías, liberación de presos políticos y el regreso de exiliados, como condición para reconstruir el tejido social e institucional del país.


Tercera etapa: transición política sin plazos

La última fase del plan es la transición política, el punto más difuso de la hoja de ruta. Rubio admitió que esta etapa solo comenzará una vez cumplidas las fases de estabilización y recuperación, y no tiene fechas ni mecanismos definidos.

Según Washington, el objetivo final sería devolver a Venezuela un sistema político autónomo y legítimo, pero la democracia aparece relegada a un plano secundario frente a las prioridades económicas. No se habló de cronogramas electorales, ni del rol que podrían tener la oposición o figuras como María Corina Machado.


Petróleo primero, democracia después

El mensaje que deja el plan es contundente: la reconstrucción de Venezuela comienza y se sostiene con el petróleo, bajo control estadounidense y por tiempo indefinido. El cambio de régimen político queda supeditado a que se cumplan los objetivos económicos y estratégicos de Washington.

Mientras Estados Unidos ya avanza en el manejo de la principal riqueza venezolana, el regreso de una democracia plena permanece como una promesa sin calendario. Para Venezuela, el futuro inmediato parece definido más por los barriles de crudo que por las urnas.