El gobierno de Irán anunció la reapertura del estratégico estrecho de Ormuz, una de las rutas más importantes del comercio energético mundial, en el marco de una tregua en Medio Oriente. La decisión tuvo un impacto inmediato en los mercados internacionales y fue celebrada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
El encargado de comunicar la medida fue el canciller iraní, Abbas Araghchi, quien confirmó que el paso marítimo volverá a operar con normalidad para buques comerciales durante el período de alto el fuego.
El estrecho de Ormuz es clave a nivel global: por allí circula cerca de un tercio del petróleo transportado por vía marítima. Por eso, cualquier interrupción genera fuertes subas en los precios internacionales. En este caso, tras la reapertura, el valor del crudo retrocedió y el barril Brent cayó por debajo de los 90 dólares.
Desde Washington, Trump reaccionó rápidamente con mensajes en los que destacó la importancia de consolidar la paz: “No más muertes. ¡Por fin debe haber paz!”, expresó, en un tono optimista frente a la desescalada del conflicto.
Sin embargo, el escenario sigue siendo frágil. Aunque la circulación se normalizó, Irán dejó en claro que mantiene el control estratégico sobre la ruta, al establecer condiciones coordinadas para el tránsito de embarcaciones.
La reapertura también redujo la llamada “prima de riesgo geopolítico”, lo que permitió cierta estabilidad en los mercados. Aun así, analistas advierten que cualquier nuevo episodio de tensión podría volver a disparar la volatilidad en los precios del petróleo.
En el plano internacional, distintos actores intentan atribuirse parte del logro: desde Estados Unidos hasta líderes europeos, pasando por mediadores regionales. Más allá de las disputas políticas, la medida representa un alivio inmediato para la economía global y podría tener impacto en variables como la inflación en distintos países.
