Aunque el presidente Javier Milei afirmó que buscará un segundo mandato en 2027, su verdadera reelección empieza a jugarse en octubre de 2025. Las elecciones legislativas serán decisivas no solo para medir su respaldo popular sino también para consolidar un bloque parlamentario que le permita avanzar —o al menos resistir— en su agenda política y económica.
Según advierte Joaquín Morales Solá, incluso si La Libertad Avanza logra un excelente desempeño electoral, Milei no obtendrá quórum propio. En el mejor de los escenarios, alcanzaría entre 88 y 90 diputados, un número clave para frenar intentos del Congreso de insistir con leyes que él haya vetado, pero insuficiente para avanzar sin negociar. De no lograr esa cifra, el oficialismo podría perder poder frente a una oposición fragmentada pero numéricamente dominante.
El propio Presidente reconoce el peso simbólico de octubre. En una entrevista por streaming en Neura, donde se mostró con el ministro Caputo y el titular del Banco Central, Santiago Bausili, lanzó su candidatura a la reelección en 2027. Pero ese anuncio —rodeado de polémica institucional— llegó justo en una semana marcada por una suba del dólar, tensiones con el Senado y declaraciones agresivas hacia aliados, opositores e incluso al propio Congreso.
El caso de la vicepresidenta Victoria Villarruel ilustra esta fricción interna. Milei la acusó públicamente por la suba del dólar, luego de que presidiera una sesión del Senado donde se aprobaron proyectos que el Ejecutivo consideró fiscalmente riesgosos. Sin embargo, Villarruel no podía evitar esa sesión, y la tensión solo sumó ruido político.
El clima económico también suma desafíos. Aunque la inflación bajó drásticamente (solo 1,6% en junio), la actividad económica muestra señales de estancamiento, con excepción del agro, el petróleo y la minería, sectores con bajo impacto en la generación de empleo. Según datos de la UIA, se están perdiendo entre 1000 y 1500 empleos industriales por mes, y la presión impositiva del 52% frente al 30% de países vecinos complica la competitividad.
Mientras tanto, el ausentismo electoral preocupa. Un bajo nivel de participación podría favorecer tanto al mileísmo como al kirchnerismo, perjudicando a las terceras fuerzas que intentan emerger entre la polarización. La reciente liga de gobernadores —con figuras como Ignacio Torres, Martín Llaryora y Maximiliano Pullaro— refleja esa búsqueda de una alternativa, pero su impacto dependerá de cuántos votantes decidan ir a las urnas.
En el frente político, Milei aún negocia con el PRO una posible alianza en CABA. Las condiciones impuestas por su entorno, como marginar a Jorge Macri de la campaña o ceder solo una banca en las listas, generaron resistencias internas. Mientras tanto, figuras como Horacio Rodríguez Larreta trabajan en reconstruir el PRO, con la mira puesta en 2027.
Más allá de la inflación, los desafíos de Milei incluyen la reconstrucción del aparato productivo, la inversión en obra pública, la acumulación de reservas y la reactivación del consumo. Si no logra mostrar avances en estos frentes, su propia política de austeridad podría volverse su principal obstáculo electoral.
Las elecciones de octubre no solo definirán el futuro inmediato del Congreso. También empezarán a trazar el verdadero destino del proyecto libertario en la Argentina.
