Las últimas medidas del equipo económico desataron una tensión inesperada en el mercado financiero. Con tasas reales en máximos, bancos en alerta y un dólar controlado a fuerza de encajes, la city navega semanas de incertidumbre a poco más de dos meses de las elecciones.
En un escenario que los operadores esperaban recién para la recta final electoral, el Gobierno abrió antes de tiempo una pulseada con el sistema financiero. Las recientes decisiones del ministro de Economía, Luis Caputo, y del presidente del Banco Central, Santiago Bausili, provocaron un sacudón en las mesas de dinero: tasas nominales y reales en máximos, menor liquidez en pesos y un dólar contenido mediante intervenciones y suba de encajes.
El detonante fue una serie de medidas para absorber pesos y reducir la presión cambiaria, entre ellas, una licitación de urgencia y la reapertura de ventanillas de liquidez diaria para los bancos. Sin embargo, el endurecimiento monetario —incluida una suba retroactiva de encajes— llevó a las entidades financieras a buscar $6 billones extra para cumplir con el efectivo mínimo, encareciendo el crédito y afectando la actividad económica.
El Tesoro enfrentó vencimientos por $15 billones, con un rollover del 64% ($9,1 billones) y plazos que superan la fecha electoral. La estrategia apuntó a no dejar pesos excedentes en el mercado, aunque esto implicó convalidar tasas más altas en el corto plazo.
En el frente cambiario, el BCRA mantuvo intervenciones selectivas para evitar que el dólar supere el techo de la banda proyectada, mientras en el mercado de futuros se observa mayor interés en los meses de mayor tensión electoral. Para analistas como Ricardo Arriazu (MegaQM), “los dólares no son el problema” y el verdadero riesgo está en el mercado monetario de pesos.
La jugada oficial, según operadores, tiene un objetivo político claro: frenar el dólar y sostener la desaceleración inflacionaria. Eco Go proyecta un aumento de alimentos del 0,6% semanal y un IPC de agosto del 2%, ayudado por la estabilidad cambiaria y la apertura comercial.
En paralelo, en reuniones privadas de economistas y financistas se celebró la inflación núcleo de julio (1,5%, el menor nivel desde 2018) y se discutió la posibilidad de llevar la inflación a cero en 2026. Algunos citaron un estudio del Deutsche Bank que muestra que ningún país logró mantener 2% de inflación a largo plazo, resaltando que solo el oro y la plata conservaron poder adquisitivo en el tiempo.
El resultado de esta pulseada entre Gobierno y bancos sigue abierto. Por ahora, el dólar está controlado, pero la tasa de interés y la contracción del crédito marcan un camino cuesta arriba para la economía real.
