Alianzas a la carta y sociedades transitorias: 24 elecciones con lógica propia

El próximo jueves cierra el plazo para la inscripción de frentes de cara a las elecciones legislativas del 26 de octubre, y el mapa político nacional está lejos de ofrecer una imagen clara o uniforme. La Argentina se encamina hacia un proceso de 24 elecciones distintas, donde cada provincia exhibirá sus propias alianzas, tensiones internas y configuraciones transitorias. La Libertad Avanza (LLA), que encabeza Javier Milei, se juega mucho más que bancas: está en juego su capacidad de gobernabilidad en el segundo tramo de su mandato.

La lógica de alianzas será fragmentaria y cambiante. Lo que fue en su momento el enfrentamiento entre dos polos —peronismo vs. Cambiemos— quedó atrás. En esta nueva etapa, habrá provincias donde LLA irá con el PRO y otras donde ese mismo PRO se aliará con radicales para enfrentarlos. También habrá reversiones de Juntos por el Cambio, sellos provinciales fortalecidos y una incipiente liga federal de gobernadores que aspira a formar un bloque propio en el Congreso.

LLA, el PRO y las estrategias por distrito

La mesa política que lideran Karina Milei y los Menem ya trazó un escenario sin acuerdos amplios, salvo casos puntuales. LLA ya selló un acuerdo con el PRO en Buenos Aires, y busca cerrar pactos en CABA y Entre Ríos, dos distritos clave donde se eligen senadores. También hay conversaciones abiertas en Tucumán, aunque con menor peso del PRO local. En otras provincias como San Luis y San Juan, las alianzas parecen lejanas.

Donde no haya pacto, LLA competirá con lista propia. Para el oficialismo libertario, será un test clave: evaluar si la marca “Milei” tracciona sin Milei en la boleta. En simultáneo, los libertarios observan con cautela la consolidación de un bloque de gobernadores —Torres, Pullaro, Llaryora, Sadir y Vidal— que, aunque heterogéneo, apunta a disputar poder con perfil federal.

Un peronismo en modo supervivencia

El peronismo, por su parte, busca unidad bajo el sello “Fuerza Patria”. Sin una conducción nacional clara y con la figura de Cristina Kirchner fuera del centro operativo, la estrategia pasa por ceder la lapicera a los gobernadores. En La Rioja y La Pampa se negocian candidaturas de consenso. En Catamarca y Tucumán, donde gobiernan peronistas dialoguistas, el acuerdo parece más encaminado.

No ocurre lo mismo en los distritos donde el PJ está intervenido, como Salta y Jujuy. En este último, el justicialismo viene de una de sus peores elecciones, sin lista definida ni propuestas para la preselección de candidatos. En Salta, el panorama es más dinámico: se cocina un frente con múltiples sellos provinciales, mientras Urtubey intenta sostener una candidatura propia sin el respaldo de Unión por la Patria.

CABA y el espejo bonaerense

En la Ciudad de Buenos Aires se replicará el esquema de unidad que el PJ logró en Buenos Aires para las elecciones del 7 de septiembre. Con Juan Manuel Olmos coordinando lo distrital y Mariano Recalde como armador nacional, el peronismo buscará ordenarse bajo una sola boleta, con el kirchnerismo como columna vertebral.

Los provincialismos, a la ofensiva

Los gobernadores Rolando Figueroa (Neuquén) y Alberto Weretilneck (Río Negro) apuestan fuerte a consolidar sus espacios regionales. No solo se despegan del peronismo nacional, sino que evalúan competir mano a mano con LLA por las bancas del Senado, sin acuerdos formales con Casa Rosada. La lógica: si solo entra un senador por la minoría, mejor que sea propio y no compartido con los libertarios.

En este esquema, cada distrito se convierte en un tablero autónomo donde las combinaciones posibles responden más a estrategias locales que a alineamientos nacionales. Así, el 26 de octubre no habrá una elección nacional, sino 24 batallas distintas que marcarán el verdadero mapa de poder del país.