Los cortes de gas, la suspensión del servicio en estaciones de GNC y las fallas eléctricas durante la ola polar revelan debilidades estructurales en el sistema energético nacional.
Las temperaturas extremas registradas durante esta semana provocaron una demanda energética inédita que puso en jaque al sistema de distribución de gas y electricidad. Ciudades como Mar del Plata, Bahía Blanca, La Plata y sectores del AMBA registraron cortes de suministro, mientras que miles de usuarios denunciaron interrupciones o baja presión en el servicio.
La empresa Camuzzi Gas Pampeana confirmó la interrupción total del servicio en Mar del Plata por escasez de gas en el sistema nacional. Esta situación derivó en el cierre de escuelas, comercios, restaurantes, gimnasios y hospitales, afectando profundamente la actividad diaria.
A la par, más de 100 estaciones de GNC dejaron de operar temporalmente para priorizar el abastecimiento a usuarios residenciales y hospitales. En el sector eléctrico, la demanda récord generó apagones rotativos en barrios del conurbano y la ciudad de Buenos Aires.
Expertos advierten que lo ocurrido responde a una combinación de factores estructurales, como falta de inversiones en transporte y almacenamiento, alta dependencia del gas boliviano (que sufrió recortes), y escasez de infraestructura de respaldo.
La crisis energética pone presión sobre el Gobierno nacional, que enfrenta un dilema: garantizar el consumo interno sin comprometer la actividad industrial y comercial. En tanto, la población exige soluciones de fondo que no dependan exclusivamente del clima.
